
Ahora me siento, o desde de pie,
igual me da,
desde mi silla de anea,
o junto a ella,
y oficio un tratado de mis ojos
a través de la palabra.
Todo lo que he escrito,
he de decirlo,
consume muy poco oxígeno.
Observo de lleno, no obstante,
que palabras, cosas y ojos
tienen un perfil alveolar persistente.
Así pues, solo un deseo me sacude:
escribir como quien respira.
Fandangos de Esperanza Fernández.